Archivos de la categoría ‘Qué beber’

Cómo hacer un arroz negro en tan sólo cinco pasos

29 Julio, 2009

El otro día me dijo una amiga que había preparado arroz negro. Yo, como culo que veo, culo que deseo, y como hacía años que no lo había comido, me lancé de cabeza a la cazuela. Como casi siempre, lo cociné a ojo y suponiendo cómo debería hacerse.

Manos a la masa. Lo primero fue hacer un sofrito con un tomate, un poco de pimiento verde, media cebolla, un diente de ajo, y otro poco de calabacín. Cuando estaba reducido vino el segundo paso; a fuego fuerte, le eché trozos de calamar, rape y gambas peladas –todo crudo-. Removí aquello, esperé un minuto, y vertí un chorrito de cognac. Dejé que evaporase algo para dar lugar al tercer paso. Al momento vertí un par de sobres de tinta de calamar junto con dos vasitos de arroz de calasparra y rehogué el contenido durante otro par de minutos para que el arroz se empapase del sofrito. Llegamos al cuarto paso. Entonces, volqué sobre la sartén unos cuatro vasos de caldo –resultado de haber cocido las cabezas de las gambas y los huesos del rape- una pizca de sal, un poco de azafrán, perejil picado, y le di un par de meneones con la cuchara de madera. Luego, sin tocar nada, dejé la cazuela a fuego medio-fuerte hasta que el líquido se evaporó. Fue cuando aparté el arroz de la hornilla, lo dejé reposar durante cinco minutos, y lo serví con un pegote de alioli sobre un extremo del plato, o sea, el quinto paso.

Quizás lo de menos haya sido que he tenido arroz para tres días, lo más importante es que me salió muy rico. Eso, al menos, fue lo que me pareció, a pesar de que yo sea el menos indicado para opinar, por mirarlo con muy buenos ojos y por llevar media hora salivando antes de meterle el diente.

Por cierto, acompañé el plato con una cerveza helada, dentro de un vaso helado. Y como las cervezas heladas lo que tienen es que desaparecen al instante, no sé si porque reducen su tamaño a la mitad o porque rápidamente se evaporan, tuve que servirme otra, también en otro vaso helado.

Croquetas otra vez

8 Abril, 2009

La cosa no podía quedar ahí. El otro día hice las croquetas sin el pan rallado y no salieron como tenían que salir. En cierto modo estaba un poco frustrado y, como las fortunas casi nunca me han caído del cielo, sino más bien se han tumbado a fuerza de empeño y tozudez, volví a plantarle cara al plato. Pero, esta vez, con todos los ingredientes al lado, sin faltar ninguno. Hasta ahí íbamos a llegar, un par de croquetas no achantan a nadie, ¡hombre!

Y, a pesar de todo, como todo es susceptible de mejora, varié la receta del otro día: en vez de sólo jamón, las hice de jamón y pollo (eso, que alimente); a la bechamel le eché menos cebolla, también le añadí un poco de nuez moscada y, en lugar de cerveza y agua, herví la cebolla con el caldo que me quedó tras haber cocido la pechuga. El resultado ha sido bastante mejor del esperado: rozan la maestría que pude dar el haber cocinado el plato en tan sólo dos ocasiones: han quedado muy cremosas y del sabor ni hablo.
Después, para celebrarlo, cené un par de lubinas al horno. Más que nada porque el pescado se iba a poner malo, así que las croquetas las he metido en el frigo para otro día.

croquetasII

¿Y tanta historia para no cenarlas? Bueno, yo lo que en verdad quería hacer era eso: hacerlas bien. Una vez conseguido ya no tiene tanto valor. Por ejemplo, aunque a mucha menor escala, viene a ser lo mismo que la sensación que tuve cuando acabé la carrera: antes de terminar, pensaba que el día que viera superada mi última asignatura estaría dos semanas dando botes de alegría, pellizcándome cada cinco minutos… la verdad es que no hice nada de eso; la celebración real duró un par de segundos y básicamente consistió en dicir para mis adentros un agradecido y respetuoso: “anda y que les den por culo” (para los profesores malos, a los buenos ya les di las gracias en su día). Puede que fuera porque entonces estuviera de werkstudent en Alemania y me enterara de la nota por teléfono, pero, a pesar de que ésta era muy buena continué con lo que estaba haciendo, como si nada. Por supuesto que me alegré de terminar aquel suplicio de carrera (en cuanto a sacrificio y dedicación, pero en realidad me gustaban mis estudios), aunque después del infierno de Físicas, el segundo ciclo de una Ingeniería fue un paseo (al menos la que yo hice). En cambio, lo que sí me ha sucedido alguna que otra vez es tener una pesadilla al soñar que aún no tengo el título. Y como al final uno tiene un corazoncito, el pobre es capaz de reventar de una taquicardia por soñar algo del estilo, si bien el título en sí ni se aprecia ni se valora ni se reconozce en nuestro país (otro título más de tantos: aquí si no eres médico, fontanero o albañil -y ya ni ellos- estás valorado).

Señorío de Nevada

2 Abril, 2009

Llevaba tiempo queriéndo probar este vino por la fama que trae y porque es de mi tierra, pero por una causa u otra nunca lo encontraba en la tienda. Al final lo he catado y, francamente, me ha gustado mucho y, más aún, si tenemos en cuenta su relación calidad/precio.

Un Marqués contra 200 monjes

20 Febrero, 2009

Otros dos Riojas. Uno se trata del Marqués de Arienzo reserva especial de 2001, y el otro 200 monjes reserva de 2000. Muy buenos vinos los dos, muy parecidos, aunque si tuviera que elegir a uno me quedo con el primero.

Real de Asúa

2 Febrero, 2009

Este vino lo lleve para una cena que hicimos el otro día. Hacía tiempo que no había probado uno así. Está realmente bueno, aunque, claro, iba sobre seguro: esa bodega tiene vinos muy buenos como Imperial y Cune. Y éste, que es de mucha más categoría que los otros dos, tenía que ser excelente por obligación.

realdeasua

Oyendo algo de REM que no sé cómo se titula.

Sopa de cebolla gratinada

7 Enero, 2009

Ahora que hace frío, lo que me apetece para cenar es una sopa bien calentita. La que tocó la otra noche me ha hecho recordar algunos de los sabores que descubrí durante mi época parisiense, los de la “soupe d’oignon gratinée”. Saqué la receta de un librito de cocina que venía con una olla a presión que compré hace unos días (Tefal Clipso), y de la que estoy más orgulloso que un tonto con un pito: primero, porque parece un avión; segundo, porque es para idiotas puesto que el proceso de apertura y cierre se consigue pulsando un botón que activa unas abrazaderas; tercero, porque es pequeña, de poquitos litros; cuarto, porque incluía un escurridor para cocinar al vapor y, quinto, porque no me ha costado un quintal.
 
La receta, es de lo más sencillo que puede haber. En un poco de aceite de oliva pochas un par de cebollas picadas. Cuando has sido capaz de lograr este hito, después de haber llorado más que Boabdil al perder su reino, rehogas en esa fritanga media cucharada de harina, añades un chorreón de Jerez dejando que se evapore todo el alcohol, una chispilla de pimienta molida, sal, y viertes un litro de agua. Es el momento de cerrar la nave espacial –que dice clak-. Así, una vez que empieza a salir el vapor por la válvula –que dice psssss-, esperas doce minutos. Durante ese tiempo, tuestas unos migajones de pan, troceas un poco de queso Emmental y, como a estas alturas la cocina dará pena, haces el esfuerzo de limpiarla.
 
Al levantar la tapa, dedicas dos o tres minutos para admirar los logros del proceso de cocción y para regocijarte de un resultado tan sublime; cosa, que es de lejos más satisfactorio que muchas otras que, siendo en verdad harto más gratas, a fuerza del día a día olvidamos que están ahí.
 
Venga, machote, una vez que tienes el ego por las nubes coges un cuenco, echas un par de trozos de pan tostado, la sopa y, por último, espurreas los trozos de queso. Metes el resultado en el horno y enciendes el grill para que se funda el queso. Lo más probable es que con cinco minutos tengas de sobra. Sacas el cuenco con cuidado de no quemarte, salivas un rato mientras éste se enfría, y te zampas el resultado. Repites el proceso durante dos, tres y las veces que hagan falta para terminarte todo lo que hay en la olla (es por eso por lo que quería que ésta fuera de pocos litros). Si el resultado te convence, lo mejor es que la próxima vez seáis varios para cenar… y, si no, volverás a pasarte la noche aburrido y meando.
 
En un futuro intentaré contar recetas más complejas, porque, como siga por esta vía, terminaré explicando cómo cuezo un huevo.
 
Oyendo Trippin’ on a Hole in a Paper de Stone Temple Pilots. Por cierto, tan simple y buena como la sopa.

La cata (segunda edición)

24 Noviembre, 2008

Con el pretexto de probar unos vinos, nos volvimos a reunir Gemma, Chelo, Amalia, Chus, Rodrigo, Raúl y el que escribe para catar unos cuantos. Esta vez, las normas cambiaron un poco -cosas de la crisis-. Antes, si bien los dos perdedores pagaban el vino de los dos ganadores y era yo el mayor provedor de la de pitanza; ahora, cada uno se pagó su vino y cada uno cocinó un plato para la cena.

La votación la hicimos como la otra vez: sin que nadie supiera qué vino había traído el resto, una mano inocente cubría las botellas con papel de aluminio y las descorchaba. Más tarde, en la cena, se probaba una copa de cada una de las botellas. Después de opinar todos de todo -mucha idea no tendremos, pero los comentarios nos salían hasta por los codos (los efectos del vino)- votamos: 4 puntos el mejor, 3 puntos el siguiente, dos puntos, y un punto para el último.

Los vinos a concurso fueron los siguientes -casualidades, todos escogimos un rioja-:

- Marqués de Riscal Reserva de 2003
- Conde de la Salceda Reserva de 1998
- Imperial Reserva de 2001
- Marqués de Vargas Reserva de 2004

La cena consistió en: la eterna tortilla, montaditos de gulas y calabacín, gabardinas de chistorra y hojaldre, chistorra al cognac, bloc de foie de pato y otro de oca con mermeladas de frambuesa y pimiento, paté de perdiz con un chorreón de aceite de oliva, champiñones fritos con jamón, tabla de quesos, empanada de atún y ensalada de manzana verde con Roquefort y nueces.

En cuanto al mejor vino de los cuatro, los seis que estábamos pensamos que mi vino era el peor (Marqués de Vargas), después le seguió el Imperial, Conde de la Salceda y, en primera posición -muy discutida con el anterior- el Marqués de Riscal.
 

Y el año que viene -o quizás antes-, más.

Una noche tranquila de (casi) verano

24 Junio, 2008

Pues te dije en una ocasión que solía tomar té cuando me ponía a escribir estas cosas. Hoy me ha dado por un whisky doble con hielo. También es cierto que la hora acompaña a eso: las manecillas del reloj se acercan a la medianoche. Una frescura alegre entra por la ventana que contrasta en mi piel con la tibieza que aún inunda la habitación. Mi situación tampoco es mala; estoy casi recostado en el sofá con las piernas apoyadas sobre la mesita, el portátil sobre mi regazo, con el vaso acompañándome en el otro asiento del sofá. He puesto el canal de videoclips como música de fondo pero no le estoy prestando atención. Si miro por la ventana y aparece ante mí una luna enorme que, aunque sean unas metáforas muy manidas, es como un queso, una bola, una perla, o los ojos de alguna. Antes, he estado observando la estantería de enfrente, concretamente a mis dos bonsais, preguntándome por qué sobreviven a pesar de mis podas y alambres. Oye, hasta parecen sanos, pero supongo que el asunto no tiene mucho misterio: como con todo lo que se quiere mantener sólo hay que poner una pizquilla de uno mismo.

Hoy ha sido un día cansado. No por el trabajo, sino más bien porque es jueves, y las seis horas de sueño al día me están pasando factura. Eso es, nada es gratis: o tetas o sopas. Ahora podría estar durmiendo, pero qué quieres que diga, ¡que me quiten lo bailao! ¿y lo que estoy disfrutando con el fresquito que entra por la ventana? Eso… eso no tiene precio.

Después de toda la marabunta anterior, tendría que hablar de algo, ¿no? Si no, vaya rollo macabeo el que llevas leído. Pues no lo sé, igual sigue así, o igual me inspira mi amigo -el Escocés- aunque por ahora el puñetero no me dice nada. Da lo mismo.

Acabo de borrar lo que me había aconsejado mi Chivas. Aparte, el vaso, ya vacío, y una cama que me llama a gritos. Al final me ha quedado un rollo de post.

 Oyendo Te Favorece Tanto Estar Callada de Los Niños Mutantes.