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Dilema

23 Julio, 2009

Bueno, no lo es tanto. Ocurre que estoy pensando en comprarme una bici y un portátil. La bici depende de si se aprueba un proyecto, o sea, de si tengo trabajo o no; Si no tengo trabajo, me veré obligado e emigrar con lo que la bici no me hará falta para nada y, por otra parte, el dinero me vendrá de perlas. Si todo va como debiera, el proyecto lo concederán y, entonces, me pillaré una bici nueva. Estoy pensando en esta Vortrieb, de unos 1200 euros (en vez del Shimano XTR, montaría un XT), una Cube LTD-pro de unos 880Euros o una CUBE Acid de unos 720Euros. A mí, claro está, me gusta mucho más la Vortrieb. Me compraría con los ojos una que he visto por 800Euros, pero es una marca alemana que sólo venden por internet a partir de 1200Euros –o eso me han dicho-. Ese es el dilema, porque la pela es la pela.

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ACID_CUBE

En cuanto al ordenador, estuve tentado por un ibook antes de pensar en la bici, pero me he dado cuenta que para estas cosas lo mejor es ir a lo medianejo tirando a lo elemental. Por eso, me compraré uno de 400 ó 500euros. Total, me compre cual me compre, dentro de un par de años será una birria. Es lo que le sucedió al mío de ahora, el pobrecito más bien; me lo compré a finales del 2001, me costó carete. La verdad es que estoy muy contento con él, y si lo cambio es porque no tiene conexiones inalámbricas, el disco duro es inexistente y de procesador, memoria, todo lo demás ya está más que obsoleto… y la batería ¿eso qué es? Con esto te quiero decir que mi portátil se quedó descolocado al poco tiempo de comprarlo. A parte, a mí me trae sin cuidado la tarjeta gráfica, los lectores/grabadoras de deuvedés el Blueray y la santa madre que los parió. Yo sólo lo uso para guardar fotos, escribir, simular algún circuito  con programas del pleistoceno con lo que me sobra cualquier funcinalidad hiperdimensionada y sobrevalorada. Lo que si tengo seguro es que será un Dell o un Toshiba, paso de un Acer o similares.

La bici es otra historia. La que tengo, por ejemplo, es de 1993. Salvo el cuadro y la rueda delantera ningún componente es el original, aunque la última renovación importante la hice en el 2000, así que no creo que mi bici pasara una hipotética ITV. O sea, que necesita una revisión urgente y extensa, y no quiero invertir una pasta gansa en componentes sueltos a la espera de qué se va a fastidiar o de qué es lo que me va a dejar tirado en mitad del monte. Me compro una nueva y dejo de jugarme los piños en cada excursión.

¡Pasen y vean, señoras y señores!

30 Junio, 2009

Resulta que el otro día me regalaron un espectáculo de miedo con la compra de un toldo. Bueno, el toldo lo compraron mis padres para su casa, pero al no poder estar ellos para cuando su montaje, ahí estaba yo, disfrutando en primera fila de la función. Nunca he pasado tanto canguelo por la vida de otro, ni siquiera a los cinco años, en el circo, cuando el Ángel Cristo de turno se jugaba la cabeza dentro de las fauces de un bicho. De todas formas, éste es un mal ejemplo, porque por mucho que diga Miliki, a mí el circo siempre me ha parecido un auténtico coñazo y lo poco que he visto ha sido en la tele justo antes de cambiar de canal.
 
A lo que iba. Después de varios días en los que me dieron la brasa para poder organizar la cita, llegan los dos tipos con el toldo a cuestas. Menos mal que fueron puntuales, lo digo porque estoy seriamente defraudado por los servicios “profesionales” que últimamente me han tocado sufrir. Ya en la habitación, el jefecillo quita las hojas de la ventana y veo que, de golpe, se pone de pie en el alféizar sin protección alguna, casi de un salto, agarrándose únicamente a la caja de la persiana, y como parecía que iba sobrado, lo hace con una mano para que el resultado fuera más emocionante. Para mear y no echar gota.

No creas que hablamos de un entresuelo, es un tercero con un guarrazo de diez metros, o lo que es lo mismo, un choque inelástico contra el suelo a unos 50Km/h. El hombre tan pancho, ahí, quitando el toldo viejo, con un taladro en una mano, con la otra sujetándose vaporosamente y sólo porque su centro de masas estaba medio metro fuera de la vertical, y con el cigarrillo en los labios, a lo Harry el sucio. Con un par. Únicamente, al descolgar el toldo viejo, su discípulo le ayudó puesto que antes estuvo quitando los plásticos que envolvían al nuevo; aunque, después, lo volvió a dejar a su aire, como a los genios. Creo que el artista no se atrevió con la gallinita coja para no recargar el espectáculo. Se notaba que era todo un maestro en su oficio; al no hacerlo con sólo una pierna evitaba que su arte pasara de la más sublime elegancia a la vulgaridad más penosa. Lo que yo te diga, todo un sabio.

Es verdad que todo el proceso no les llevó más de veinte minutos, pero qué miedo pasé yo por este par de desgraciados. Al principio no podía mirar, más que nada porque tenía suficiente con imaginar en cómo se resbala y se iba para abajo, en un grito de los que hiela la sangre y, un instante después, el sonido sordo del choque contra el cemento. Aquello me producía un tedioso desasosiego y me fastidia mucho tener que sufrir por este par imbéciles. De hecho, hubo un momento en el que me salí de la habitación cagándome en todo lo que se meneaba. Al instante, hice de tripas corazón; volví para ver qué hacían y por si necesitaban de mi ayuda, pero siempre despotricando mentalmente. También aproveché para preguntarles la causa de por qué no se ponían un arnés ni nada de nada. Supongo que los dos hombres estaban orgullosos de su pericia, por eso, quizás chuleándome discretamente ante tufo a espanto que debía expeler mi cara y por mis palabras de buen samaritano, me dijeron que sólo si fueran a tardar más se pondrían el arnés para que no viniera nadie y les echara una foto. La madre que los trajo.

No sé quién tiene la culpa, si los padres de las criaturicas, ellos mismo, el empresario, el estado o yo. Los primeros por malcriar a unos grandísimos botarates, los unos por no hacerle caso a lo evidente; el otro en liza, o bien por presionar a los unos para que estos hagan el mayor número de “pases”, o bien por ahorrar costes en formación y material, o bien por ignorar lo que hacen sus empleados. El penúltimo, junto con los sindicatos, por no poner controles más severos y por no formar lo necesario. Y el último de la lista, por permitir una cosa así en su propia casa.  Menos mal que no pasó nada, les pagué, y me quité un peso de encima en cuanto se largaron. Ya te digo, me regalaron un auténtico espectáculo: ver para creer.

El lanzamiento de un globo

17 Junio, 2009

Para nada es trivial. Es muy emocionante, sobre todo por las dimensiones del aparato y por saber que allí hay algo de ti (realmente, y no es falsa modestia, en este proyecto de mí hay muy poco, pero de otros compañeros, muchísimo). Por eso, considero que he tenido mucha suerte por estar allí.

Esta es la grua que sujetará la barquilla de dos toneladas durante el lanzamiento:

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El camión con el Helio, unido a la pieza que sujeta el globo durante el inflado (contrapeso de diez toneladas con una pinza que cierra la boca del globo)

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La barquilla fijada en la grua

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El despliegue del globo,

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La fase de inflado con Helio (en verdad ya se ha terminado, se ha anudando los tubos de llenado, pero aún no se ha soltado)

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La suelta (lo rojo que se ve al comienzo del cable es el paracaídas que se usará durante  la bajada),

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Si te fijas, todo el Helio está confinado en una pequeña zona. Cuando ya esté en vuelo, durante los primeros metros de subida, un pirotécnico explotará la pinza que impide que el He se expanda por todo el volumen del globo. Pero, antes de eso, la grua, en marcha, ha de andar un poco para que la barquilla y el globo queden verticales en la suelta.

Empieza la misión. El globo llegará a los 40Km de altura y se mantendrá allí durante 6 días; entonces, él llegará a tener un diámetro de unos 105m.

Así, mientras uno vuela de Suecia a Canadá por el círculo polar ártico observando el Sol, el resto, en tierra, vigila sin descanso el funcionamiento de los aparatos.

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Y el Sol,

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Espiral

20 Mayo, 2009

Mientras miraba de reojo el Bitter-Kas que bebía, me atrajo la espiral de caña que formaba el posavasos. Eso me llevó a pensar en otras espirales. Así, recordé una que aparece en los fuegos de mi vitrocerámica; en los cucuruchos de pescaíto frito cuando se miran desde abajo. Cómo no, ¡en el caracol! También, en los surcos de un disco de vinilo, en las galaxias y hasta en el camino que tiene que seguir un ion cuando es acelerado en un ciclotrón. Viendo que se me terminaban los ejemplos y que me iba por lo rebuscado, cogí un libro de geometría para escarbar dentro de él y comparar si la fórmula que mientras tanto se me había ocurrido era válida o no. Para mi sorpresa, a parte de ésa que había pensado, encontré otras muchas ecuaciones, y, mira tu por dónde, he aprendido que la espiral de mi vitrocerámica es una espiral de Fermat, y que las otras que te he comentado estarían dentro de las espirales de Arquímedes y las logarítmicas.

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Cuando más tarde le eché una foto a la vitro para insertarla aquí, pensé que la imagen que veía le daba un aire a la portada de un libro que leí hace años: “el nombre de la rosa”. Lo busqué y comprobé que no había demasiado, salvo el contraste entre el rojo y el negro: debajo del plano de un laberinto estaba la foto de una rosa. Apostaría un puñado de sal a que el laberinto del libro es aquel que hay en la catedral de Chartres (pero nunca sabré si la apuesta la he ganado o no porque en aquella edición no viene el nombre del laberinto que inspiró al diseñador de la cubierta). No recuerdo dónde leí el significado místico que le daban los antiguos a los laberintos que, la verdad, unos y otros se han empeñado en metérnoslos por medio desde que Dédalo trazó el de Minos.

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Mira tú que yo sólo quería beberme un refresco, después llegaron las espirales y, por último, me metí en un laberinto. Como no sabía salir de él, pensé en probar a leer algo de mitología griega para, con suerte, toparme con alguna idea que salvara el post. Entonces, le pregunté a mi padre por los griegos y su parafernalia y él me recomendó un par de libros “Dioses y héroes de la antigua Grecia” de Robert Graves y “Dioses y héroes: mitos clásicos” del Aula abierta Salvat. He dejado pasar los días hasta terminarlos. Me han gustado; además, se leen en dos patadas, cosa que es un plus a su favor.

Y, lo que me ha quedado en claro es que si yo fuera un Teseo cualquiera, le pediría a la Adriadna de turno que me lanzara un ovillo mágico para que me guiase hasta una salida. Como no es el caso, saldré de este entuerto por peteneras. Así, resulta que Dédalo le construyó al rey Minos su famoso laberinto (en donde él encerró al minotauro). Mira tú por dónde, que Minos tenía a Dédalo hartico de trabajar, y éste se quería ir un tiempo de vaciones. Como el rey no le dejaba, decidió escaparse con unas alas que había inventado. Al final logra escaparse junto con su hijo Ícaro (lo que le ocurre a Ícaro es un tema de otro cantar), consiguiendo el asilo del rey Cócalo de Sicilia. Minos estaba que se subía de por las paredes por haber perdido a tal portento genio que le resolvía mil y un problemas; como nadie sabía dónde se había escondido Dédalo, Minos agudizó el ingenio y lanzó un acertijo trampa con un suculento premio para aquel que lo resolviera: A cambio de una bolsa de oro, ¿cómo pasar un hilo de lino a lo largo de la concha de un caracol? Nadie lo pudo resolver hasta que el rey Cócalo dio la solución (éste se lo había consultado a Dédalo, claro): “Mira, Minos, lo único que tienes que hacer es atarle un hilo de seda de araña a la pata de una hormiga y hacer que, gracias a una pizca de miel que has colocado en el otro extremo de la concha, la hormiga recorra toda la espiral. Una vez que ha salido, atas un cabello de mujer y tiras del hilo de seda de araña hasta sacar, a su vez, el pelo de mujer. Conseguido esto, atas el hilo de lino al pelo y tiras de él… y ya lo habrás conseguido”. Equilicuá… pensó Minos y le contestó a Cócalo: “¡Tú tienes a mi Dédalo! Por la gloria de tu madre, devuélvemelo finstro pecador de la pradera o atente a las consecuencias , ¡jarl!”… Lo que luego le ocurrió al torpedo de Minos no se lo deseo a nadie, pero esa historia me servirá para otro post, así que no te la cuento.

Creo he salido del entuerto, porque he conseguido encontrar el lazo de unión entre una espiral con Dédalo que, a su vez, diseñó uno de los laberintos más famosos de la antigüedad que, sin dudarlo, influyó en aquel de la catedral de Chartres que, por otra parte y tal y como he apostado, seguro que inspiró al diseñador de la carátula de mi edición del “nombre de la rosa”, y esa apuesta que tal vez vendría a darle un aire a aquel acertijo que en su día lanzó Minos… (bueno, sólo es un símil válido si somos benevolentes). Acertijos que dan que pensar o de vientre; pensamientos que, consecuentemente, se alimentan de tiempo y, para pasar el tiempo a gusto, ¿qué mejor que beber un Bitter Kas? Así, sorbito a sorbito, mirándolo de reojo para saborear el instante, para contenerse un poco y no terminarlo de un trago.

El anterior es un buen motivo para mirar de reojo; otro, y por qué no, sumándose con todo lo demás, viene de una frase que he leído hace poco no sé dónde: los libros siempre hablan de otros libros y cada historia cuenta una historia que ya se ha contado.

El sábado del cordero

14 Mayo, 2009

El sábado me levanté con el antojo de comerme un buen asado. Por eso no lo pensé dos veces y me fui al super para comprar una buena pata de cordero segureño. Creo que la receta la saqué de algún recuerdo, y si no es así, entonces me la inventé. Agarré el cuenco de barro de las grandes ocasiones y partí la pata puesto que no cabía en el cacharro. Eché un chorreón de cognac con algo de agua para rebajarlo; le coloqué la pierna encima (la mía no, la del cordero), puse un poco de aceite de oliva, un par de ajos majados, sal Maldom, granos de pimienta, romero y bastantes ramillas de tomillo fresco. Al horno con todo, a 200ºC. De vez en cuando rociaba la carne con el juguillo que iba soltando y, tras poco más de una hora y cuarto (durante el último cuarto de hora encendí el grill para que también se dorase), el asado estuvo listo para el tenedor y cuchillo. Me salió de rechupete.

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Después de comer me bebí un buen café (he descubierto uno Moka de Illy que sab muy bien). Descansé una hora, tiempo más que suficiente para que se me cruzaran los cables y decidiera coger la bici para bajar los excesos. Lo sé, excusas. De lejos, eso fue lo mejor del día y puede que la mejor decisión de la semana. Y es que resulta que el sábado fue un día de tormenta. La tarde estaba encapotada, con mucho bochorno y con evidentes ganas de llover, pero, viendo que al cielo aún no le había dado por descargar y antes de que me conquistara la pereza, me dije: “manta y carretera, te la juegas. Ahora o nunca”.

Así que me puse el disfraz de ciclista y tiré para el monte, como las cabras ¿o debería decir las ovejas por eso de “lo que se come se cría”? Ya en la montaña, sólo veía gente que, en sus coches, volvía previendo la lluvia. Ellos eran los cautos. Yo, en cambio, iba contracorriente, cuesta arriba, y con ganas de subir cuanto antes; más que nada porque me sentía con fuerzas y porque el cuerpo respondía. De todas formas no estaba tan sólo, un par de veces me crucé con un incauto que, como yo, pensaba que hacía una buena tarde.

Hasta entonces había tenido suerte y sólo me habían caído encima unas míseras gotas. Llegué a la cima; un mirador desde donde se divisa toda la sierra. Empezó a llover fuerte. Me comí una chocolatina como premio a mis esfuerzos anteriores y me dispuse a volver a casa. La bajada fue lo mejor. Durante ese día trabajaron todos los sentidos. Y, ahora, la lluvia me golpeaba el cuerpo mientras que la velocidad generaba una brisa que producía sobre los brazos un frescor muy agradable, contraste entre el sudor caliente, las gotas de agua y el ambiente templado. El camino de bermeja arcilla me llevaba por un paisaje conocido, en soledad absoluta,  e invadido por el verde intenso de los árboles y de la hierba húmeda. Todas esas sensaciones se iban mezclado con  los increíbles olores de tierra mojada y pino que, junto el sonido del suave tintineo del agua, hicieron que el cuerpo crease un buen chute de endomorfinas y tres cuartos de kilo de euforia que aún dura.

Llegue a casa hecho una sopa. De inmediato me metí una buena ducha con el agua bien caliente. Me quedé como nuevo y más contento que unas pascuas.

Tréboles de tres hojas

14 Abril, 2009

Regando una de mis plantas, descubrí que una de las flores tenía tres pétalos en lugar de cuatro. Supongo que esa era la flor rara del macetero puesto que era la única con esa cualidad. Lástima que la planta no sea de tréboles, que donde digo cuatro fueran tres, y que en lugar de pétalos hablásemos de hojas.

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Entonces, yo pienso (tú tiemblas): ¿a ver si por analogía, el que encuentre una flor de tres pétalos me va a traer mala suerte? No lo creo.

Oyendo Da ya Think I’m Sexy? De Rod Stewart.

Ya es primavera

24 Marzo, 2009

¡Qué hermosos están los cielos!
¡Qué bonita la mañana!
¡cuánta frescura en el campo!
¡cuánta alegría en el agua!;
corre, corre mi caballo
por la veredita blanca,
qué bien sabes el camino
donde te guían mis ansias.
No te pares junto al bosque
ni en las fresas enramadas,
hijas del arroyo claro
que de la colina baja.
Sigue, sigue por la senda
que a los dos lados derrama
campos verdes con adornos
de amapolas coloradas.
Ya pasan los olivares.
Ya la vereda se acaba.
Y entre las hojas tejidas,
de lejos se ve la casa.

(De Manuel Machado)

Y como la primavera se presta a estas cosas, ahí van tres más: una, consecuencia del buen tiempo, y las otras dos, una detrás de la otra, como resultado del otro tiempo.

Mariposa voladora,
flor hermosa libadora
de la rosa y del jazmín.
Di gozosa ¿qué flor
quieres del jadín?
¿qué prefieres para ti?
¿Una rosa primorosa
o una de pitiminí?
Todas ellas prefiero para mí.
Todas bellas y olorosas.
Todas quiero por hermosas
de la rosa al alhelí.

(De Federico Torres)

Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto poseo:
¡la luz, el aire
y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios iluminan
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
diera alma mía,
cuanto deseo:
¡la fama, el oro,
la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre tus pesañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero,
la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo.

(De Gustavo Adolfo Becquer).

No sé que he soñado en la noche pasada;
triste, muy triste debió ser el sueño
pues despierto la angustia me duraba.
Noté al incorporarme húmeda la almohada,
y por primera vez sentí, al notarlo,
de un amargo placer henchirse el alma.
Triste son los sueños que llanto nos arranca;
mas tengo en mi tristeza una alegría
¡sé que aún me quedan lágrimas!

(De Gustavo Adolfo Becquer).

 

Por Dios, el post me ha quedado demasiado cursi (gay dirán otros). Menos mal que al cabo del año escribo pocos de estos y, en cuanto a lo otro, lo más probable es que me la refanfinfle.

Gran Torino

23 Marzo, 2009

Gran película. ¡Qué grande eres, Clint!

El niño piedra

12 Marzo, 2009

Sucede que, por la mañana, cuando hace sol, entra por la ventana del servicio una luz cegadora; vamos, que el sol te da de lleno en la jeta. Pues bien, ahí estaba el pasado domingo, recién levantado, deslumbrado por esa luz e intentando apuntar el pirindolo para que el chorrillo no se saliera de la taza. En cuanto tuve dominada la física de la trayectoria parabólica y, como en mi taza no hay en qué entretenerse (ni la típica mosca de los bares, ni el smile face, ni bolas de alcanfor, ni hielo –créetelo que en algunos sitios lo ponen y aún no sé muy bien el por qué: es una gilipollez como la copa de un pino-…), miré hacia un espejo que tengo a mi derecha para verme las legañas de recién levantado, pero ni siquiera hizo falta. La luz que entraba era tan intensa que mi cara se reflejaba en la piedra de la pared: me distraje, y por poco no dejo todo perdido. Por eso, esperé a terminar mis quehaceres mientras pensaba lo curiosa que sería una fotografía con este efecto. Más tarde me puse a sacarle fotos al reflejo de mi mano. 

brazo

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Lo que obtuve me parece original: como si la foto fuera parte de un cuadro carcomido por los años; es un contraste entre las vetas de la piedra, la pérdida de color, las sombras, y esa luz tan intensa que, no sé por qué, sólo percibe uno durante las vacaciones o en las mañanas domingueras (bueno, sí lo sé: el resto de los días me levanto antes de que el sol entre por la ventana).

Manos a la obra

12 Febrero, 2009

Más o menos me ha dado por hacer manualidades de las que te puedes encontrar en bricomanía. Y es que he pensado en hacerme el cabecero de la cama, aunque, ahora mismo, no sé cómo va a quedar e igual me sale el tiro por la culata (a pesar de que en la cabeza todo sale bien, la realidad puede resultar muy diferente). Voy por la mitad del trabajo y, como es demasiado engorroso de contar, esperaré hasta que lo haya terminado. Esta es una foto parcial, un poco movida, desenfocada por instantes, pero que me gusta.

 

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