Éramos cuatro, la excursión duró dos jornadas por lo que tuvimos que pasar la noche al raso y a una altitud de unos 3000m. En total andamos unas 11h. De ellas, vendrían a ser unas 5h durante el primer día, o sea, unos 15Km (pasando de 2000m a 3000m de altura), con 20Kg a la espalda y desde el atardecer hasta más allá del ocaso, pero con linternas para caminar en la oscuridad. El segundo día pateamos el resto, 6h, o sea, unos 24Km (pasando de 3000m a 1300m), con menos peso sobre la espalda y desde el amanecer hasta el medio día.
Lo mejor de las dos jornadas fue el paisaje, tanto el terrestre como el extraterrestre. Lo digo, porque, sobre la tierra, el paisaje era espléndido, interminable y curiosamente marciano por la cantidad de montañas de piedra y de piedras que nos rodeaban. Aunque esa imagen monótona se rompía de vez en cuando a causa de los pocos neveros que aparecían durante el camino y, conforme se descendía en altitud, por las hierbas silvestres y el agua cristalina que daban algo de color sobre un fondo gris. En cuanto al paisaje extraterrestre, me refiero al cielo de noche, sin luna, y limpio de cualquier luz eléctrica parásita (permíteme que también considere la ausencia de luz como algo extraterrestre). Pasaron varias estrellas fugaces, puede que reminiscencias de las lágrimas de San Lorenzo, y la vía láctea ¡se podía ver! Galaxias y estrellas, y más estrellas y más galaxias, muchas con nombre, seguro que otras sin él y, aunque mi dedo y mi vista no supieran quién era quién, todas estaban allí haciéndose notar.
Lo que te diga, muy bonito, pero de dormir, nada de nada, por la falta de costumbre de hacerlo en un saco, por el frío (unos 5ºC), y por el pensamiento fugaz de unos zorros merodeando. A decir verdad, también rondaba una especie de araña bastante fea y bien criada, pero temía más el lametón de un zorro.
En cuanto a la forma física. El primer día no tuve problema alguno. En cambio, al final del segundo día, los tres o cuatro últimos kilómetros los hice cojeando porque mi rodilla derecha me dijo “hasta aquí hemos llegado, pedazo burro, burro, más que burro”; Ese día fue muy duro, porque bajar andando cansa mucho, para mí más que subir. Por eso, como había partes que tenían mucha pendiente, ésas las bajábamos corriendo para evitar cargar aún más a los músculos o para pasar rápido el mal trago o para hacer el tonto.
Nada, al final uno se rinde a lo que todo lo cura: tres cervezones bien helados cuando arribamos a la civilización y, luego, en casita; después hay que dormir 14h sin parar y reposar durante tres días las agujetas de las piernas. Aunque, menos mal, con la rodilla totalmente recuperada tras el sueño. Y tampoco he perdido uñas ni me han salido ampollas (lo uno y lo otro es raro en mí).
Como nota y como cosa pendiente por hacer en el futuro, puede que el próximo verano no esté mal hacer lo mismo que les he visto hacer a otros este año: Serían las cinco de la mañana; de pronto se oyeron las voces de tres o cuatro ciclistas rodando por una pista que pasaba a nuestra vera. Y es que recuerdo que ése era uno de los retos de mi época universitaria y que, quizás, con buen criterio no hice: una etapa nocturna en bici, ya fuera por el monte o por un desierto. Tiene que ser de noche, porque de día ya lo he hecho un par de veces, aunque esa sea otra historia que ya contaré.











Ycomo allá arriba casi todo fueron piedras, me he acordado de una poesía de Juan Ramón Jiménez:
“El cielo pesa lo mismo
que una cantera de piedra.
Sobre la piedra del mundo
son de piedra las estrellas.
¡Esta enorme cargazón
de piedra encendida y yerta!
Piedras las estrellas todas,
piedras, piedra, piedras, piedra.
Entre dos piedras camino,
me echo entre piedra y piedra;
piedras debajo del pecho
y encima de la cabeza.
Y si quiero levantarlas,
me hiere la piedra eterna;
si piso desesperado,
sangro en la piedra terrena.
¡Qué dolor de alma, piedra;
carne, qué dolor de piedra;
qué cárcel la noche, piedra
cercada y cerca de piedra!
Con tu piedra me amenazas,
destino de piedra y piedra.
Con tu piedra te daré
en tu corona de piedra”.
Oyendo Hardest Part de Coldplay.