Archivos de la categoría ‘Naturaleza’

Entre castaños, helechos, uvas y chopos

13 Octubre, 2009

Sucede que tenemos un terrenillo perdido en la alpujarra. Allí puedes encontrarte con chopos bien criados, varios castaños medianejos, almendros de almendra amarga, un almecino, un par de granados jóvenes, una veintena de cepas de uva tinta (tempranillo, garnacha y cabernet-sauvignon), helechos, zarzas, matojos y hasta una fuente natural de agua ferruginosa. Todo suena a mucho, pero, no creas, la parcelita no es nada grande; sin embargo, pese al tamaño, está hecha unos zorros. Mi padre espera que yo le meta mano algún día, y yo también espero el día en el que me dé por desarrollar mi vena labriega que por ahora no le ha dado por salir. Hasta entonces, me conformaré con ir allá de muy tanto en tanto. Te dejo unas fotos de hace tres semanas.

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Oyendo Lost? de Coldplay.

Niebla

15 Septiembre, 2009

La otra tarde cogí el coche para darme una vuelta por algunos pueblos del sur de Granada (Murtas, Albuñol…). Un amigo me comentó que me podía gustar. No por los pueblos en sí, que por lo visto no son nada del otro mundo, sino por el propio camino (él lo hizo en moto) y por las vistas que tiene: kilómetros y kilómetros de mar y de costas granadinas. Pues nada, manta, carretera y cámara con el objetivo de fotografiar una puesta de sol sobre el mar desde lo alto de una colina. Bajé a Órgiva y desde allí, subí y subí serpenteando por una carreterilla desierta que me llevó hasta la cresta de una montaña –en donde me habían dicho que estaba el paisaje-. Sin embargo, durante la subida, pronto apareció la niebla; así que de vistas, nada. No me pareció mal tampoco y, en cierto modo, hasta lo agradecí. Porque, en este lugar, más sólo que la una, bajé las ventanillas para notar el aire fresco y éste a su vez me hizo olvidar los calores que tenemos en la ciudad; lo hice, también, para que entraran la humedad de la nube y los olores de la tierra húmeda, de los hierbajos silvestres y de un mar que estaba cerca pero que no se podía ver.

La pantalla del GPS estaba llena eses que salían y entraban, con la flecha apuntando como loca de un lado para otro porque nunca había una dirección constante; y yo le decía al aparato que no se preocupase, que me daba igual si se equivocaba o no. Conducía a placer, cambiando de segunda a tercera cada dos por tres, sin música, puesto que el ronroneo del motor es más que suficiente en estos casos. En una de éstas vi a un perro de aguas, estupendo, solo, y también en mitad de la carretera. Nos saludamos y los dos seguimos a lo nuestro. Al rato me topé con la razón del chucho solitario: sus ovejas y el pastor, o sea, el dueño de las ovejas y del perro. ¡Cómo no!, todos en mitad de la carretera. El buen hombre me preguntó algo que no entendí y que supuse como la hora puesto que señaló con un dedo sucio su muñeca sucia. Son las ocho –le dije- y tanto él como sus ovejas y yo seguimos a lo nuestro -adiós, buenas tardes-. Anduve un poco más, hasta que pensé bien las cosas y me di la vuelta: total, con la niebla no se podía ver nada… Por eso, al rato volví a saludar al pastor y luego a su perro (si tuviera una casa con jardín y si tuviera menos escrúpulos, hubiera dejado al pastor sin perro). En total hice 160Km, tres fotos y el mar lo dejaré para la próxima.

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Oyendo White Shadows de Coldplay.

Caminando por Sierra Nevada

8 Septiembre, 2009

Éramos cuatro, la excursión duró dos jornadas por lo que tuvimos que pasar la noche al raso y a una altitud de unos 3000m. En total andamos unas 11h. De ellas, vendrían a ser unas 5h durante el primer día, o sea, unos 15Km (pasando de 2000m a 3000m de altura), con 20Kg a la espalda y desde el atardecer hasta más allá del ocaso, pero con linternas para caminar en la oscuridad. El segundo día pateamos el resto, 6h, o sea, unos 24Km (pasando de 3000m a 1300m), con menos peso sobre la espalda y desde el amanecer hasta el medio día.

Lo mejor de las dos jornadas fue el paisaje, tanto el terrestre como el extraterrestre. Lo digo, porque, sobre la tierra, el paisaje era espléndido, interminable y curiosamente marciano por la cantidad de montañas de piedra y de piedras que nos rodeaban. Aunque esa imagen monótona se rompía de vez en cuando a causa de los pocos neveros que aparecían durante el camino y, conforme se descendía en altitud, por las hierbas silvestres y el agua cristalina que daban algo de color sobre un fondo gris. En cuanto al paisaje extraterrestre, me refiero al cielo de noche, sin luna, y limpio de cualquier luz eléctrica parásita (permíteme que también considere la ausencia de luz como algo extraterrestre). Pasaron varias estrellas fugaces, puede que reminiscencias de las lágrimas de San Lorenzo, y la vía láctea ¡se podía ver! Galaxias y estrellas, y más estrellas y más galaxias, muchas con nombre, seguro que otras sin él y, aunque mi dedo y mi vista no supieran quién era quién, todas estaban allí haciéndose notar.

Lo que te diga, muy bonito, pero de dormir, nada de nada, por la falta de costumbre de hacerlo en un saco, por el frío (unos 5ºC), y por el pensamiento fugaz de unos zorros merodeando. A decir verdad, también rondaba una especie de araña bastante fea y bien criada, pero temía más el lametón de un zorro.

En cuanto a la forma física. El primer día no tuve problema alguno. En cambio, al final del segundo día, los tres o cuatro últimos kilómetros los hice cojeando porque mi rodilla derecha me dijo “hasta aquí hemos llegado, pedazo burro, burro, más que burro”; Ese día fue muy duro, porque bajar andando cansa mucho, para mí más que subir. Por eso, como había partes que tenían mucha pendiente, ésas las bajábamos corriendo para evitar cargar aún más a los músculos o para pasar rápido el mal trago o para hacer el tonto.

Nada, al final uno se rinde a lo que todo lo cura: tres cervezones bien helados cuando arribamos a la civilización y, luego, en casita; después hay que dormir 14h sin parar y reposar durante tres días las agujetas de las piernas. Aunque, menos mal, con la rodilla totalmente recuperada tras el sueño. Y tampoco he perdido uñas ni me han salido ampollas (lo uno y lo otro es raro en mí).

Como nota y como cosa pendiente por hacer en el futuro, puede que el próximo verano no esté mal hacer lo mismo que les he visto hacer a otros este año: Serían las cinco de la mañana; de pronto se oyeron las voces de tres o cuatro ciclistas rodando por una pista que pasaba a nuestra vera. Y es que recuerdo que ése era uno de los retos de mi época universitaria y que, quizás, con buen criterio no hice: una etapa nocturna en bici, ya fuera por el monte o por un desierto. Tiene que ser de noche, porque de día ya lo he hecho un par de veces, aunque esa sea otra historia que ya contaré.

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Ycomo allá arriba casi todo fueron piedras, me he acordado de una poesía de Juan Ramón Jiménez:

“El cielo pesa lo mismo
que una cantera de piedra.
Sobre la piedra del mundo
son de piedra las estrellas.

  ¡Esta enorme cargazón
de piedra encendida y yerta!
Piedras las estrellas todas,
piedras, piedra, piedras, piedra.

  Entre dos piedras camino,
me echo entre piedra y piedra;
piedras debajo del pecho
y encima de la cabeza.

  Y si quiero levantarlas,
me hiere la piedra eterna;
si piso desesperado,
sangro en la piedra terrena.

  ¡Qué dolor de alma, piedra;
carne, qué dolor de piedra;
qué cárcel la noche, piedra
cercada y cerca de piedra!

  Con tu piedra me amenazas,
destino de piedra y piedra.
Con tu piedra te daré
en tu corona de piedra”.

Oyendo Hardest Part de Coldplay.

Dilema

23 Julio, 2009

Bueno, no lo es tanto. Ocurre que estoy pensando en comprarme una bici y un portátil. La bici depende de si se aprueba un proyecto, o sea, de si tengo trabajo o no; Si no tengo trabajo, me veré obligado e emigrar con lo que la bici no me hará falta para nada y, por otra parte, el dinero me vendrá de perlas. Si todo va como debiera, el proyecto lo concederán y, entonces, me pillaré una bici nueva. Estoy pensando en esta Vortrieb, de unos 1200 euros (en vez del Shimano XTR, montaría un XT), una Cube LTD-pro de unos 880Euros o una CUBE Acid de unos 720Euros. A mí, claro está, me gusta mucho más la Vortrieb. Me compraría con los ojos una que he visto por 800Euros, pero es una marca alemana que sólo venden por internet a partir de 1200Euros –o eso me han dicho-. Ese es el dilema, porque la pela es la pela.

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En cuanto al ordenador, estuve tentado por un ibook antes de pensar en la bici, pero me he dado cuenta que para estas cosas lo mejor es ir a lo medianejo tirando a lo elemental. Por eso, me compraré uno de 400 ó 500euros. Total, me compre cual me compre, dentro de un par de años será una birria. Es lo que le sucedió al mío de ahora, el pobrecito más bien; me lo compré a finales del 2001, me costó carete. La verdad es que estoy muy contento con él, y si lo cambio es porque no tiene conexiones inalámbricas, el disco duro es inexistente y de procesador, memoria, todo lo demás ya está más que obsoleto… y la batería ¿eso qué es? Con esto te quiero decir que mi portátil se quedó descolocado al poco tiempo de comprarlo. A parte, a mí me trae sin cuidado la tarjeta gráfica, los lectores/grabadoras de deuvedés el Blueray y la santa madre que los parió. Yo sólo lo uso para guardar fotos, escribir, simular algún circuito  con programas del pleistoceno con lo que me sobra cualquier funcinalidad hiperdimensionada y sobrevalorada. Lo que si tengo seguro es que será un Dell o un Toshiba, paso de un Acer o similares.

La bici es otra historia. La que tengo, por ejemplo, es de 1993. Salvo el cuadro y la rueda delantera ningún componente es el original, aunque la última renovación importante la hice en el 2000, así que no creo que mi bici pasara una hipotética ITV. O sea, que necesita una revisión urgente y extensa, y no quiero invertir una pasta gansa en componentes sueltos a la espera de qué se va a fastidiar o de qué es lo que me va a dejar tirado en mitad del monte. Me compro una nueva y dejo de jugarme los piños en cada excursión.

El bicho palo

13 Julio, 2009

Es un insecto y a éste me lo encontré el otro día cuando descansaba tras una buena subida con la bici. Lo descubrí porque vi un movimiento raro entre unas briznas de paja, las observé mejor y allí estaba él, como quien no quiere la cosa, poniéndose moreno o acojonado de mi presencia. Era sorprendente el mimetismo de su figura con la propia hierba seca, llegando al extremo de sus alas que imitaban los trazos de una hoja despedazada por el sol. Le saqué una foto mala con el móvil pero te juro que se le puede distinguir allá abajo.

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Por lo demás, creo que el animal era una mantis. Pensando en ello, por su bien, espero que fuera una hembra y, si fuera macho, le desearía que aprovechara el tiempo todo lo que pudiera hasta el día que le dé por dejar descendencia.

Naturaleza sueca

19 Junio, 2009

Como en otras entradas antereiores, otra vez vuelven a sobrar las palabras. Quizás haya puesto demasiadas fotografías, algunas son muy parecidas, también de calidad variable, pero creo que todas merecen la pena.

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Y las flores, siempre las flores,

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