Ya que tenía tiempo, me decidí a coger la bici. La ruta que hice fue la que sube al Llano de la Perdiz y, al contrario de lo que me sucedió la última vez, ahora no he tenido ni tirones ni excusas para no llegar a la cima aunque sigo estando en una forma física lamentable (los 30Km se me hicieron un poco pesados). También aproveché la oportunidad para sacar unas cuantas fotos de los diferentes paisajes que te encuentras a lo largo del camino.
El primero que te muestro es del olivar de la Alhambra. Unos olivos muy hermosos quizás porque están cerca del cementerio –gracias a Dios, esa mañana no había barbacoa con lo que tampoco tuve que esforzarme para pasarlo rapidito-.

La siguiente foto es de la abadía del Sacromonte. Aunque parezca en ruinas–a decir verdad algunas partes lo están-, en su biblioteca hay varios incunables, allí se encontraron los Libros Plúmbeos hacia el SXVI (léete “El segundo hijo del mercader de sedas” está bastante bien y en parte trata de eso) y allí fue donde mi amigo Pablo se casó el pasado verano.

Desde ese lugar también le hice una foto a la ciudad. Más que nada te la muestro para que veas la nube negra de contaminación que respiramos sin darnos cuenta…, increíble, ¿no? Ahora piensa lo que se tiene que respirar en Madrid.

Más. Aquí tienes una foto de camino hacia la cima de la ruta; cuesta arriba se hace un poco pesado pero con el olorcillo a tomillo y romero pasas un momento agradable. De todas formas, lo mejor es bajarlo a la vuelta: es un camino muy divertido porque necesitas tirar de mucha técnica, reflejos y agilidad para saltar y esquivar sus piedras. Vamos, un chute de adrenalina.

Una foto de Sierra Nevada desde la cima de la montaña. Aunque aún no haya mucha nieve, la vista siempre es impresionante. Además, se está muy a gusto al sol, sentado en lo alto de una peñasco, y viendo este paisaje… ¡La de historias que me han pasado en esas montañas!

No te desesperes, ya llega la última foto. Esta es de un descenso (un cortafuegos pa’abajo). El descampado que aparece a izquierda y derecha era antes un bosque pero un par de incendios lo han dejado como ves, como un solar. Una desgracia, lo más seguro que evitable, y que supongo que no será la última. Desde luego, plantar árboles parece que no han plantado muchos… Como decía un gran profesor mío de mis tiempos de bachiller, el Matapapas, “para mear y no echar gota”. Bueno, a lo que iba, este camino necesita –a priori- mucha menos técnica que el otro que te he comentado, tiene muchas menos roderas, muchas menos piedras sueltas –por zonas-, y las curvas son más abiertas. No es así, es complicado; el problema aquí es la velocidad porque alcanzas fácilmente los 45Km/h. Aunque la suspensión alivie un poco, al final de los 3Km de bajada terminas con los dedos doloridos a causa de las vibraciones…

En fin, éstas han sido las fotos de una mañana soleada pero fresca de diciembre.
Escuchando Enjoy the Silence de Depeche Mode.
12 Diciembre, 2007 a las 8:31 pm |
Hola Daniel:
Ya comentamos en el post del resfriado, que fue en el que te encontré.
Bueno, te he seguido estos dias y tengo que decirte que tu blog es de los mejores que conozco (y son unos cuantos). Escribes el blog que siempre me hubiera gustado escribir. Considero que tienes especial cualidad para la escritura-narrativa. Sigue igual.
Un cordial saludo.
13 Diciembre, 2007 a las 10:09 am |
Hola,
Es una sensación rara la que tengo ahora. Supongo que sólo es que me alegra que a alguien le interese lo que pueda decir.
En cuanto a “mi estilo”, aunque quizás sea demasiado pretencioso por mi parte, lo único que he intentado es que mis historias no aburran al que las lea.
Gracias por el comentario.