La cata

By Daniel

El pasado fin de semana hicimos una apuesta mis primos y yo. El asunto va de que cada uno de nosotros compra una botella de vino. Después viene lo mejor, nos las bebemos pero valorándo sin saber, claro, cuál es la de quién. El premio para el ganador es que los perdedores le reembolsan el precio de su botella. Puede que pienses que la mejor estrategia sea llevar una botella de El Tío de la Bota… pero si quiero seguir conservando mis lazos familiares, mejor será que no apueste por esa opción. De todas formas hemos puesto un límite económico razonable para que esta excusa para vernos no sea una sangría de bolsillos.

El sitio escogido es mi casa. Las condiciones extras son que yo les invito a cenar y ellos, a cambio, me regalan una tele (les voy a llamar hoy para que no hagan esa tontería). Más o menos ya tengo pensado lo que voy a poner de picoteo: gulas con ajo y guindillas, ensalada de pimientos con bonito en escabeche, aceitunas varias, mejillones, tortilla de patata con cebolla caramelizada, ensalada de anchoas y endívias, foei gras de oca, salmón ahumado, una tablita de quesos, y quizás algo de jamón, embutidos y marisco. Para el postre he comprado unas peras al vino que tienen una pinta estupenda – piensas bien si crees que el cachondeo ha pesado mucho a la hora de elegir ese postre -. En fin, aunque me da a mí que nos comprometimos en un momento de euforia colectiva y que estamos a tirando la casa por la ventana, un día es un día. Por cierto, no es subestimar a mis adversarios, pero mi botella va a ganar. Pero eso es algo que os contaré la semana que viene.

El violinista alegre (M. Thyssen)

Escuchando alguna canción de El Espíritu del Vino de Héroes del Silencio.

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