Entre cuencos y fogones

By Daniel

El otro sábado me dio por darme un homenaje para comer bien, y para amortizar una cocina que no uso en un apartamento que tampoco. No quería pensar mucho así que elegí un par de recetas conocidas: Lubina a la Sal y una Ensalada de Berros. Esta era la segunda vez que preparaba el mismo menú. La primera fue una invitación que se frustró (bueno, en la práctica no ocurrió así, previéndolo invité a otra persona).

Hacer la lubina no tiene ningún misterio pero el resultado es excelente. Es una receta tonta, para gente como yo: destripas el pescado (mejor que lo haga el pescadero), echas un poco de sal gorda en la base de una bandeja; colocas encima al bicho y lo cubres enterito de sal. Metes todo en un horno precalentado a 220ºC. Esperas durante veinte minutos y listo. Por último, apartas la sal y sacas el pescado que va al plato. Si quieres ponerte fino, lo limpias para servir sólo los lomos… Yo no lo hice. A cambio, dediqué ese tiempo para beberme un vaso de vino y admirar mi obra en todo su esplendor. De acompañamiento puse tres o cuatro espárragos trigueros hechos al horno (más o menos 10 minutos a 220ºC), con unas gotas de aceite de oliva y una pizca de pimienta espurreada por encima.

La ensalada tiene más trabajo. Es una ensalada hecha con berros (5/6), albahaca fresca (1/6), unos cuantos tomates cherry, una bola de mozarella troceada y pedazos de avellanas crudas. Aromaticé el cuenco pasándole un ajo por toda la superficie (aunque no lo creas se nota). El aliño lo hice a ojo a partir de miel, mostaza en grano, aceite de oliva virgen, y un poquito de vinagre balsámico de Módena. Se mezcla todo y, voilà, de escándalo.

La bebida corrió a cuenta de un vino de blanco de Cádiz que tiene una relación calidad precio muy buena: Tierras Blancas. El postre lo compré porque, con lo que ya había, era cocinar demasiado y no era cuestión de perder más el tiempo.

El homenaje continuó con un café sólo, siguió con una siesta de un par de horas que mi estómago y cabeza agradecieron después de tanta comida y vino. Para finalizar la historia, terminé limpiando todo el desastre que se había organizado en la cocina.

Escuchando A View From the Afternoon de Arctic Monkeys.

Escribe un comentario