Queda inaugurado este Blog. Por qué llamarlo el Blog del Avellano. Bueno, las avellanas son sabrosas y me gustan pero éste no es el motivo. Si te soy sincero ni sé por qué lo he puesto. Puede que fuera el primer nombre que me vino a la cabeza cuando me pidieron titular el Blog, o puede que la causa sea porque, con la bici, he hecho alguna vez la ruta de “la Fuente del Avellano”. Por lo demás, no sé si el avellano es un árbol que inspire alguna cualidad (ni es fuerte como un roble, ni es triste como un ciprés, ni es más tonto que un alcornoque, ni está más salido que un pino…) y si la tiene, no creo que se pueda aplicar a mí; por tanto, descarta la idea que estás pensando. En fin, ya colgaré aquí la foto de un arbolito de éstos para que todos sepamos un poco más de ellos.
Ahora que tengo nombre de Blog queda lo más difícil: rellenarlo. No prometo ni muchos posts, ni regularidad y, menos, que el contenido sea ni por asomo interesante. De todas formas, tampoco pretendo que alguien gaste su tiempo en leer lo que aquí se ponga. Entonces, con unas pretensiones tan débiles, ¿por qué lo hago? La verdad es que últimamente me apetecía escribir (de lo que sea) y con esto ya tengo un motivo. He pensado colgar alguna foto de algún viaje que haga: soy de los que son capaces de pararse en una cuneta a hacer una foto sólo porque ha visto algo que me es interesante; no lo he hecho nunca, pero con el Blog ya no tengo excusa. Tú me entiendes…
Y como buena costumbre (absorbida) que me ha inspirado un buen amigo, finalizaré escribiendo qué música estoy escuchando en este instante (así también me obligo a renovar mi paupérrima discografía).
Entonces, escuchando a Radio Nowhere de Bruce Springsteen.