El bicho palo

13 Julio, 2009 by Daniel

Es un insecto y a éste me lo encontré el otro día cuando descansaba tras una buena subida con la bici. Lo descubrí porque vi un movimiento raro entre unas briznas de paja, las observé mejor y allí estaba él, como quien no quiere la cosa, poniéndose moreno o acojonado de mi presencia. Era sorprendente el mimetismo de su figura con la propia hierba seca, llegando al extremo de sus alas que imitaban los trazos de una hoja despedazada por el sol. Le saqué una foto mala con el móvil pero te juro que se le puede distinguir allá abajo.

Imagen119_2

Por lo demás, creo que el animal era una mantis. Pensando en ello, por su bien, espero que fuera una hembra y, si fuera macho, le desearía que aprovechara el tiempo todo lo que pudiera hasta el día que le dé por dejar descendencia.

¡Pasen y vean, señoras y señores!

30 Junio, 2009 by Daniel

Resulta que el otro día me regalaron un espectáculo de miedo con la compra de un toldo. Bueno, el toldo lo compraron mis padres para su casa, pero al no poder estar ellos para cuando su montaje, ahí estaba yo, disfrutando en primera fila de la función. Nunca he pasado tanto canguelo por la vida de otro, ni siquiera a los cinco años, en el circo, cuando el Ángel Cristo de turno se jugaba la cabeza dentro de las fauces de un bicho. De todas formas, éste es un mal ejemplo, porque por mucho que diga Miliki, a mí el circo siempre me ha parecido un auténtico coñazo y lo poco que he visto ha sido en la tele justo antes de cambiar de canal.
 
A lo que iba. Después de varios días en los que me dieron la brasa para poder organizar la cita, llegan los dos tipos con el toldo a cuestas. Menos mal que fueron puntuales, lo digo porque estoy seriamente defraudado por los servicios “profesionales” que últimamente me han tocado sufrir. Ya en la habitación, el jefecillo quita las hojas de la ventana y veo que, de golpe, se pone de pie en el alféizar sin protección alguna, casi de un salto, agarrándose únicamente a la caja de la persiana, y como parecía que iba sobrado, lo hace con una mano para que el resultado fuera más emocionante. Para mear y no echar gota.

No creas que hablamos de un entresuelo, es un tercero con un guarrazo de diez metros, o lo que es lo mismo, un choque inelástico contra el suelo a unos 50Km/h. El hombre tan pancho, ahí, quitando el toldo viejo, con un taladro en una mano, con la otra sujetándose vaporosamente y sólo porque su centro de masas estaba medio metro fuera de la vertical, y con el cigarrillo en los labios, a lo Harry el sucio. Con un par. Únicamente, al descolgar el toldo viejo, su discípulo le ayudó puesto que antes estuvo quitando los plásticos que envolvían al nuevo; aunque, después, lo volvió a dejar a su aire, como a los genios. Creo que el artista no se atrevió con la gallinita coja para no recargar el espectáculo. Se notaba que era todo un maestro en su oficio; al no hacerlo con sólo una pierna evitaba que su arte pasara de la más sublime elegancia a la vulgaridad más penosa. Lo que yo te diga, todo un sabio.

Es verdad que todo el proceso no les llevó más de veinte minutos, pero qué miedo pasé yo por este par de desgraciados. Al principio no podía mirar, más que nada porque tenía suficiente con imaginar en cómo se resbala y se iba para abajo, en un grito de los que hiela la sangre y, un instante después, el sonido sordo del choque contra el cemento. Aquello me producía un tedioso desasosiego y me fastidia mucho tener que sufrir por este par imbéciles. De hecho, hubo un momento en el que me salí de la habitación cagándome en todo lo que se meneaba. Al instante, hice de tripas corazón; volví para ver qué hacían y por si necesitaban de mi ayuda, pero siempre despotricando mentalmente. También aproveché para preguntarles la causa de por qué no se ponían un arnés ni nada de nada. Supongo que los dos hombres estaban orgullosos de su pericia, por eso, quizás chuleándome discretamente ante tufo a espanto que debía expeler mi cara y por mis palabras de buen samaritano, me dijeron que sólo si fueran a tardar más se pondrían el arnés para que no viniera nadie y les echara una foto. La madre que los trajo.

No sé quién tiene la culpa, si los padres de las criaturicas, ellos mismo, el empresario, el estado o yo. Los primeros por malcriar a unos grandísimos botarates, los unos por no hacerle caso a lo evidente; el otro en liza, o bien por presionar a los unos para que estos hagan el mayor número de “pases”, o bien por ahorrar costes en formación y material, o bien por ignorar lo que hacen sus empleados. El penúltimo, junto con los sindicatos, por no poner controles más severos y por no formar lo necesario. Y el último de la lista, por permitir una cosa así en su propia casa.  Menos mal que no pasó nada, les pagué, y me quité un peso de encima en cuanto se largaron. Ya te digo, me regalaron un auténtico espectáculo: ver para creer.

El mundo de Sofía

25 Junio, 2009 by Daniel

Novela de Jostein Gaarder. Está bien, es entretenída aunque la historia conductora me ha parecido un poco chorra. Lo mejor es que sirve para recordar algo de aquella filosofía que se estudiaba en COU y que uno tiene más que oxidada. El desarrollo del libro varía según avanzas. El principio es una serie de artículos monotemáticos (cartas): que si Platón, que si Sócrates, que si pepito o fulanito. Después, ya sea porque se cansa de escribir artículos, ya fuera porque lo tenía pensado así o porque no daba cómo continuar el lazo de unión de la novela, el estilo pasa a ser un diálogo como si intentara emular los escritos filosóficos de la antiguedad (y no tanto). 

En fin, te la recomiendo si quieres entretenerte y, de paso, aprovechar el tiempo en algo productivo.

Naturaleza sueca

19 Junio, 2009 by Daniel

Como en otras entradas antereiores, otra vez vuelven a sobrar las palabras. Quizás haya puesto demasiadas fotografías, algunas son muy parecidas, también de calidad variable, pero creo que todas merecen la pena.

P6072512

P6092805

P6102897

P6102900

P6113028

P6113038

P6113041

P6113058

P6113063

P6113064

P6113070

P6113072

P6113087

P6113091

P6113093

P6113101

P6113114

P6113115

P6113120

P6123147

P6123149

P6123153

Y las flores, siempre las flores,

P6112997

P6113126

Cinco horas con Mario

18 Junio, 2009 by Daniel

Es para quitarse el sombrero ante Miguel Delibes, menudo libro es éste. Me ha gustado desde el principio hasta el final. Toda la trama transcurre en el velatorio de Mario, el muerto. Allí, cuando la viuda se retira un rato para descansar, le empieza a reprochar al difunto todas las penurias que ha pasado por culpa suya. Apenas si hay diálogos, casi toda la obra se limita a una transcripción literal de los pensamientos de Carmen, la mujer de Mario, y así, como sucede con los pensamientos o al menos en los míos, se embarruntan  frases que van y vienen, estribillos, y anécdotas recurrentes desde el inicio hasta el final.

Después de todo, me ha quedado medio claro, ya que sólo se puede conocer la versión de Carmen, que Mario la maltrataba puesto que la ignoraba al no preocuparse por los pequeños caprichos de su esposa, justos la mayoría de ellos. Como ejemplos, ella le había pedido mil veces que se comprara un coche, aunque sólo fuera un seiscientos. Mil veces quiso que le leyera los poemas que Mario le había escrito, pero sin ningún éxito; otras mil veces que escribiera un libro “con sentido”, de lo que todo el mundo entiende “de amor”, por ejemplo, y no cualquiera de sus libros infumables que no entendía “nadie”. Tampoco le perdonaba que tuviera más en cuenta a sus amigotes de bar que a ella, o que no le contara algo de sus antiguos amores o que no hicieran el amor en la noche de bodas porque “le daba vergënza”…

Sin embargo, por la forma de pensar de Carmen, Mario también debió ser un maltratado. Siendo él un hombre culto, comprometido con la sociedad y el mundo que le rodeaba, que trataba a todas las personas con justa dignidad (salvo a su esposa) contrasta con la forma de pensar de su esposa: una persona axfisiantemente de pensamientos rígidos y caducos, machista, que vive del qué dirán, con un concepto sesgado de la gente a las que sólo distingue entre ricos y pobres, y que desprecia en cierto modo aquello que signifique conocimiento… Por eso, me parece un matrimonio de sordos en donde los dos sufrían por no intentar escucharse ni ceder un poco ni ponerse el uno en el lugar del otro.
En fin, está escrito de una manera estupenda y, escarbando un poquito, aparecen grandes trazas de humor negro, de humor inocente como contrapunto, y una descripción extremadamente realista de todas las escenas.

“Las barbas de Moyano y su palidez de muerto hacían bien en el velatorio. En cambio, el mechón albino de Valen, denotaba. “Cuando me lo dijeron no podía creerlo. Si le vi ayer”. Carmen se inclinaba y la besaba en las dos mejillas. En realidad no se besaban, cruzaban estudiadamente las cabezas, primero el lado izquierdo, luego el derecho, y besaban al aire, tal vez algún cabello desmandado, de forma que una y otra sintieran los chasquidos de los besos pero no su efusión”.

Road trippin’

18 Junio, 2009 by Daniel

Como la canción de los RHCP, este post va de un viaje. Vistas a pie de carretera dirección Abisko. Las imágenes que te dejo lo dicen todo.

P6112943

P6112951

P6112957

P6112959

P6112969

P6112972

P6112977

P6112978

P6112999

P6123134

El lanzamiento de un globo

17 Junio, 2009 by Daniel

Para nada es trivial. Es muy emocionante, sobre todo por las dimensiones del aparato y por saber que allí hay algo de ti (realmente, y no es falsa modestia, en este proyecto de mí hay muy poco, pero de otros compañeros, muchísimo). Por eso, considero que he tenido mucha suerte por estar allí.

Esta es la grua que sujetará la barquilla de dos toneladas durante el lanzamiento:

tractor

El camión con el Helio, unido a la pieza que sujeta el globo durante el inflado (contrapeso de diez toneladas con una pinza que cierra la boca del globo)

P6072537

La barquilla fijada en la grua

P6082600

El despliegue del globo,

P6082602

La fase de inflado con Helio (en verdad ya se ha terminado, se ha anudando los tubos de llenado, pero aún no se ha soltado)

P6082668

La suelta (lo rojo que se ve al comienzo del cable es el paracaídas que se usará durante  la bajada),

P6082682

Si te fijas, todo el Helio está confinado en una pequeña zona. Cuando ya esté en vuelo, durante los primeros metros de subida, un pirotécnico explotará la pinza que impide que el He se expanda por todo el volumen del globo. Pero, antes de eso, la grua, en marcha, ha de andar un poco para que la barquilla y el globo queden verticales en la suelta.

Empieza la misión. El globo llegará a los 40Km de altura y se mantendrá allí durante 6 días; entonces, él llegará a tener un diámetro de unos 105m.

Así, mientras uno vuela de Suecia a Canadá por el círculo polar ártico observando el Sol, el resto, en tierra, vigila sin descanso el funcionamiento de los aparatos.

P6082705

Y el Sol,

P6092749

Masaje capilar

4 Junio, 2009 by Daniel

El otro día me estaba cortando el pelo y en éstas veo un cartelón que ofertaba un masaje capilar junto con un bote de acondicionador de regalo. Todo por seis euros. Pensé que la cosa era fiel al dicho de lo comido por lo servido, más un masaje de regalo, porque venía a costar lo que vale un bote de acondicionador, algo que uso todos los días. De todos modos, como nunca había probado eso del masaje capilar, le pregunté al peluquero de qué iba la historia. No necesitó mucho para convencerme, lo hice más por el bla, bla, bla que para saber.

Ya en faena, al principio me reí. Sí, una actitud un poco gilipollas, pero no me pude conter cuando al tipo va y me pone sobre la cabeza mojada uno de esos artilugios –que yo antes sólo había visto en los puestos de los mercadillos- que consisten en una especie de rastrillo cónico de púas largas de metal. No obstante, en cuanto se me pasó la risa floja, me di cuenta de que aquel cacharro relaja una barbaridad. Además, el acondicionador tenía mentol con lo que la cabeza pasaba de tener un calorcillo refrescante a un frescor no menos cálido.

Después del rastrillo, el peluquero empezó a amasarme el cuero cabelludo. El colega me dijo que inevitablemente se me iban a caer cien pelos y yo, como soy precavido, con cuidado fui mentalmente contando cada uno de los tirones, uno tras otro, hasta que conté ciento uno.

Luego, después de aclarar, de secarme el pelo y de peinarme, me fui a casa más contento que un niño con un par de zapatos nuevos, con la cabeza bien fresquita y un bote del susodicho engrudo bajo el brazo. En cuanto a los efectos del acondicionador, a parte del efecto mentolado frío-calor, ha sido éste uno de los pocos que ha tenido esa extraña virtud de que, cuando apoyo la cabeza sobre la mano, ésta se resbala; fenómeno que ya ha provocado que me dé un par de ilustres calamonazos contra la mesa. En fin, buen descubrimiento, aunque seguro que voy por ahí echando un tufo a chicle…

Granada/ Llano/ Dúdar/ Granada

28 Mayo, 2009 by Daniel

Hacía más de ocho años que no hacía la ruta de Dudar con la bici. El fin de semana pasado me lancé de cabeza a ella porque ya se me ha quedado corto el recorrido de todos los fines de semana. Además, he comprado un Camelback (bueno, de otra marca) y ahora tengo todo el agua que quiera. Está muy bien el invento que, para quien no lo sepa, es una mochila con una cantimplora y un tubo que te permite beber sin tener que hacer muchos movimientos con el cuerpo. Lo compré para probar y porque sólo costaba 15 Euros; por eso, de no gustarme, siempre hubiera podido volver al método tradicional del bidón en la bici sin ningún cargo de conciencia. De todas, todas, me lo quedo.

cmlbck

A lo que iba, la duración del recorrido es de unos 45Km de los que la mitad es por monte. La media que hice fue de 18Km/h: ¡no está nada mal! Y, mejor aún, no me cansé demasiado. El próximo día subiré al pantano de Quéntar que supone más o menos unos 60Km. Aquí tienes un plano con el recorrido. En el extremo derecho, arriba, está Dúdar; en el extremo izquierdo está Granada y en medio, el Llano de la Perdiz. La vuelta se hace por la ribera del “Aguas Blancas” y del Genil.

ruta
Cuando regresé a casa, tenía los ojos como tomates gracias al polen del olivo y las piernas un poco cargadas, pero estaba más feliz que un tonto con un pito por saber que físicamente estoy como cuando tenía 24; aunque dudo que ese sea un gran consuelo, porque entonces tampoco estaba muy allá.

Espiral

20 Mayo, 2009 by Daniel

Mientras miraba de reojo el Bitter-Kas que bebía, me atrajo la espiral de caña que formaba el posavasos. Eso me llevó a pensar en otras espirales. Así, recordé una que aparece en los fuegos de mi vitrocerámica; en los cucuruchos de pescaíto frito cuando se miran desde abajo. Cómo no, ¡en el caracol! También, en los surcos de un disco de vinilo, en las galaxias y hasta en el camino que tiene que seguir un ion cuando es acelerado en un ciclotrón. Viendo que se me terminaban los ejemplos y que me iba por lo rebuscado, cogí un libro de geometría para escarbar dentro de él y comparar si la fórmula que mientras tanto se me había ocurrido era válida o no. Para mi sorpresa, a parte de ésa que había pensado, encontré otras muchas ecuaciones, y, mira tu por dónde, he aprendido que la espiral de mi vitrocerámica es una espiral de Fermat, y que las otras que te he comentado estarían dentro de las espirales de Arquímedes y las logarítmicas.

espiral1

espiral2

Cuando más tarde le eché una foto a la vitro para insertarla aquí, pensé que la imagen que veía le daba un aire a la portada de un libro que leí hace años: “el nombre de la rosa”. Lo busqué y comprobé que no había demasiado, salvo el contraste entre el rojo y el negro: debajo del plano de un laberinto estaba la foto de una rosa. Apostaría un puñado de sal a que el laberinto del libro es aquel que hay en la catedral de Chartres (pero nunca sabré si la apuesta la he ganado o no porque en aquella edición no viene el nombre del laberinto que inspiró al diseñador de la cubierta). No recuerdo dónde leí el significado místico que le daban los antiguos a los laberintos que, la verdad, unos y otros se han empeñado en metérnoslos por medio desde que Dédalo trazó el de Minos.

endlr

chartres

Mira tú que yo sólo quería beberme un refresco, después llegaron las espirales y, por último, me metí en un laberinto. Como no sabía salir de él, pensé en probar a leer algo de mitología griega para, con suerte, toparme con alguna idea que salvara el post. Entonces, le pregunté a mi padre por los griegos y su parafernalia y él me recomendó un par de libros “Dioses y héroes de la antigua Grecia” de Robert Graves y “Dioses y héroes: mitos clásicos” del Aula abierta Salvat. He dejado pasar los días hasta terminarlos. Me han gustado; además, se leen en dos patadas, cosa que es un plus a su favor.

Y, lo que me ha quedado en claro es que si yo fuera un Teseo cualquiera, le pediría a la Adriadna de turno que me lanzara un ovillo mágico para que me guiase hasta una salida. Como no es el caso, saldré de este entuerto por peteneras. Así, resulta que Dédalo le construyó al rey Minos su famoso laberinto (en donde él encerró al minotauro). Mira tú por dónde, que Minos tenía a Dédalo hartico de trabajar, y éste se quería ir un tiempo de vaciones. Como el rey no le dejaba, decidió escaparse con unas alas que había inventado. Al final logra escaparse junto con su hijo Ícaro (lo que le ocurre a Ícaro es un tema de otro cantar), consiguiendo el asilo del rey Cócalo de Sicilia. Minos estaba que se subía de por las paredes por haber perdido a tal portento genio que le resolvía mil y un problemas; como nadie sabía dónde se había escondido Dédalo, Minos agudizó el ingenio y lanzó un acertijo trampa con un suculento premio para aquel que lo resolviera: A cambio de una bolsa de oro, ¿cómo pasar un hilo de lino a lo largo de la concha de un caracol? Nadie lo pudo resolver hasta que el rey Cócalo dio la solución (éste se lo había consultado a Dédalo, claro): “Mira, Minos, lo único que tienes que hacer es atarle un hilo de seda de araña a la pata de una hormiga y hacer que, gracias a una pizca de miel que has colocado en el otro extremo de la concha, la hormiga recorra toda la espiral. Una vez que ha salido, atas un cabello de mujer y tiras del hilo de seda de araña hasta sacar, a su vez, el pelo de mujer. Conseguido esto, atas el hilo de lino al pelo y tiras de él… y ya lo habrás conseguido”. Equilicuá… pensó Minos y le contestó a Cócalo: “¡Tú tienes a mi Dédalo! Por la gloria de tu madre, devuélvemelo finstro pecador de la pradera o atente a las consecuencias , ¡jarl!”… Lo que luego le ocurrió al torpedo de Minos no se lo deseo a nadie, pero esa historia me servirá para otro post, así que no te la cuento.

Creo he salido del entuerto, porque he conseguido encontrar el lazo de unión entre una espiral con Dédalo que, a su vez, diseñó uno de los laberintos más famosos de la antigüedad que, sin dudarlo, influyó en aquel de la catedral de Chartres que, por otra parte y tal y como he apostado, seguro que inspiró al diseñador de la carátula de mi edición del “nombre de la rosa”, y esa apuesta que tal vez vendría a darle un aire a aquel acertijo que en su día lanzó Minos… (bueno, sólo es un símil válido si somos benevolentes). Acertijos que dan que pensar o de vientre; pensamientos que, consecuentemente, se alimentan de tiempo y, para pasar el tiempo a gusto, ¿qué mejor que beber un Bitter Kas? Así, sorbito a sorbito, mirándolo de reojo para saborear el instante, para contenerse un poco y no terminarlo de un trago.

El anterior es un buen motivo para mirar de reojo; otro, y por qué no, sumándose con todo lo demás, viene de una frase que he leído hace poco no sé dónde: los libros siempre hablan de otros libros y cada historia cuenta una historia que ya se ha contado.