E=pan·jamón^2

24 Noviembre, 2009 por Daniel

Resulta que cuando llega el invierno, el jamón me saca de más de un apuro, o sea, lo mismo que digo del tomate durante el verano. Así, la pata del gorrino la tengo pensada para esas veces en las que no sé ni que cenar, o en las que ni siquiera me apetece abrir el microondas para calentar algún congelado, o, simplemente, en las que pienso que me toca un homenaje.

El otro día me hice con dos a precio de una, puesto que me enteré de una oferta en el Hipercor: una paletilla ibérica de bellota de unos 5.5kg más otra paletilla de recebo de unos 4.5kg por sesentainueve euros; creo que era una oferta buenísima puesto que la última paletilla que compré me vino a costar sesenta euros y era sólo de recebo. He empezado por la de bellota porque uno no sabe qué le va a pasar a mañana: si me pilla un toro –es un decir-, que me pille contento. Y del sabor, ¿qué te voy a contar? no llega a tener el de un jamón de bellota, pero es excelente.

Por último, haciendo un símil con la ecuación de la energía de la teoría de la relatividad, he pensado que dos paletillas con pan ha de ser igual a la energía necesaria para pasar a lo grande los fríos del invierno… y si hiciera falta una tercera, entonces sería E=pan·jamón^3 y sucesivavente… (como ves, he supuesto que la felicidad que produce la paletilla es potencial y no lineal).  De todas formas, nadie me va a salvar de hacer la demostración experimental.

Una vez al año no hace daño

17 Noviembre, 2009 por Daniel

De todas y cada una de las faenas domésticas, la que menos me gusta es la de limpiar los cristales. Por eso, me aplico el dicho: “una vez al año no hace daño”. Así que, tras haber esperado mi añito de rigor, los terminé limpiando el fin de semana pasado, justo antes de que empezaran a ser opacos. Total, para nada, porque estoy seguro de que la semana que viene va a llover y van a volver a estar en su estado natural, o sea, llenos de porquería, aunque de menos solera.

Lo creas o no, se nota un montón el cambio; de golpe, una vez que la roña desapareció, la luz que entraba en las habitaciones hizo que todo tomara un color ligeramente distinto, como más nítido e intenso (he leído hace poco algo que viene a confirmarlo: “tanto el aire como el oro se iluminan cuando les da la luz”). A parte de eso, que pudiera ver la calle sin ninguna dificultad hizo que me planteara (sólo durante un intante) si debía o no seguir siendo tan guarro con mis cristales. Pero me puede la pereza, así que, ¡qué demonios!, no se diga más, hasta el año que viene.

Señora de rojo sobre fondo gris

9 Noviembre, 2009 por Daniel

Es la última novela de Miguel Delibes que he leído. El argumento es muy triste: un viejo pintor recuerda ante su hija los últimos días de su esposa, antes de que ésta falleciera a causa de una cruel enfermedad. En cualquier caso, es un libro estupendo.

“A la mañana siguiente, mientras desayunábamos, la descubrí con el rostro asimétrico. Bajé la vista. Creyendo que se trataba de una alucinación, pero al levantarla de nuevo, la visión se confirmó: no era una alucinación. Su ojo derecho parpadeaba, en tanto que el izquierdo se mantenía inmóvil, hueco, insondable. El mismo desequilibrio se advertía en la boca: mientras la comisura derecha sonreía, la izquierda se desmayaba en un gesto de gravedad. Quise aferrarme a su mitad viva pero el miedo se había instalado en mí, la taza de té me temblaba en la mano y el estómago iba fraguando como si fuese cemento. ¿Te ocurre algo? Me hablaba por el lado derecho de la boca y yo captaba sus palabras por el oído izquierdo, mientras su ojo negro desorbitado me miraba fijamente, sin la menor piedad. Encogí los hombros y me acomodé en la mesa, los ojos contra las palmas de las manos, hasta que noté su brazo sobre mis hombros. Entonces, al levantar la cabeza, advertí que la disparidad había desaparecido: había vuelto a ser la misma. Callé. No le di explicaciones sobre el extraño fenómeno, ni lo comenté con nadie; pero me dejó la amarga impresión de que lo que había visto a través de su pupila estancada era la sombra de la muerte”.

La señorita Trombón

4 Noviembre, 2009 por Daniel

Hoy quería hablar de la señorita Trombón y, sincerándome un poco, acabo de borrar todo lo que levaba escrito sobre ella porque estaba resultando demasiado ñoño. Así que ahora intentaré que sea la definitiva por la cuenta que me trae.

Después de tantísimos años, ¿qué puedo contarte de la señorita Trombón, si sólo la conocí de vista y cuando, ahora, no me queda más que un recuerdo difuso? Si aún sigues leyendo esto, empezaré por el nombre porque supongo que, a estas alturas, te habrá creado cierta intriga. Estoy seguro de que éste te resultará un tanto infantil y, tienes razón, ciertamente lo es; sólo a unos tontos o a unos niños –o a unos niños tontos- se les podía haber ocurrido el mote de “trombón”. Pero ocurre que, inevitablemente, sobre todo a ciertas edades, uno no tiene en el cuerpo ni tanta cabeza ni tanta sutileza como para andarse rizando el rizo. Por eso, en aquellos días debimos pensar que lo de “trombón” le venía como anillo al dedo a esta mujer y en cierto modo no nos faltaba razón: ella era muy gorda, y este instrumento musical se caracteriza por ser grande y pesado. Además, queriendo buscar un instrumento, teníamos pocas posibilidades puesto que un chaval de párvulos apenas si se conoce alguno -guitarras, pianos, trompetas, violines, trombones, tambores y para de contar-; así que no tuvimos elección, porque ése es de los que más gracia nos debió hacer por lo rimbombante de su nombre y por el sonido tan divertido que produce.

En cuanto a lo de “señorita”, lo tuvimos que poner sin dudarlo. Vino porque tenía que ser así y no desde una supuesta educación, puesto que, salvo las mujeres de la familia, aquellas que estaban cercanas a ésta, también las compañeras de clase –las unas eran madre, tías, hermanas, primas, abuelas, y las otras eran Eva, Paula, Teresa, Mercedes, Carmen, Laurita… a secas-, nosotros sólo conocíamos a señoritas, o sea, a las profesoras de la escuela. Así que la Trombón se quedó con lo de señorita por delante que, por cierto, ironías y crueldades a parte, era vieja.

Por eso, el nombrecito tenía su enjundia. Como te he dicho: gorda y vieja. Pero no queda ahí la cosa, para ponerle a alguien un mote, previamente, te ha tenido que llamar la atención para que así se cree la necesidad del sobrenombre. De esta forma, lo que más nos llamaba la atención no era que fuera ni gorda ni vieja ni fea ni los vestidos que llevaba, que parecían ser los descendientes de unas cortinas; ni que todas las mañanas, a la hora del recreo, se quedara en la verja para vernos jugar -esto me hace pensar que o tenía un nieto por ahí dando tumbos o que simplemente le gustaban los niños, aunque si supiera la panda de cabrones que éramos, otra cuenta se hubiera hechado-. No, no era nada de eso. Lo que sí nos impactaba era su maquillaje. Impresionaba el azul eléctrico que cubría sus párpados –como si realmente intentara emular a los brillos metálicos de un trombón-, o las aberraciones con forma de coloretes sobre sus mejillas, o las ingentes cantidades de carmín bermellón que le debían pegar los labios.

Desde aquel momento, cuando el maquillaje de alguna me llama la atención, me acuerdo de mi señorita Trombón. Tras la comparación, sin embargo, nunca he encontrado a otra que haya podido igualar el cuadro que con tanto esmero llevaba nuestra señorita encima de su cara. Créeme, alguna se le ha acercado mucho, pero, quizás por la idealización de conceptos que con el tiempo amasan algunos recuerdos, ninguna le ha podido destronar del primer puesto.

Han pasado unos veintiocho años desde que la vi por última vez. No sé que ha sido de ella, si ha fallecido o no; ni tampoco si era señora o señorita; ni si tenía nietos en el colegio o no; ni si sólo le gustaba vernos jugar o, simplemente, se fijaba en las hormigas del patio… Lo único que sé de la señorita Trombón es que, fuera quien fuera, le plantamos un gran mote.

L’étranger

27 Octubre, 2009 por Daniel

De Albert Camus, premio Nobel de literatura de 1957. Me ha gustado esta novela aunque no me ha entusiasmado. Es extraña, pero es a su vez interesante. La historia empieza en día en el que el protagonista recibe un telegrama que le informa sobre la muerte de su madre. El argumento va del día a día, contado en primera persona, de un tipo raro. Por eso, entramos en su mundo. Vemos cómo ve él las cosas, a la gente en sí según él. Nos damos cuenta de las costumbres impuestas y asumidas, de cómo se juzga negativamente a la gente cuando no se las sigue e, incluso, me parece que entran también en juego el existencialismo -por analizar el sentido de la vida- y algo del absurdo -porque el protagonista comete un asesinato sin sentido alguno (si es que alguno lo tiene) y porque no hace nada para evitar el patíbilo, sólo por ser fiel a sus principios-.

«Si bien qu’au bout de quelques semaines, je pouvais passer des heures, rien qu’à dénombrer ce qui se trouvait dans ma chambre. Ainsi, plus je réfléchissais et plus de choses méconnues et oubliées je sortais de ma mémoire. J’ai compris alors qu’un homme qui n’aurait vécu qu’un seul jour pourrait sans peine vivre cent ans dans une prison. Il aurait assez de souvenirs pour ne pas s’ennuyer. Dans un sens, c’était un avantage ».

Entre castaños, helechos, uvas y chopos

13 Octubre, 2009 por Daniel

Sucede que tenemos un terrenillo perdido en la alpujarra. Allí puedes encontrarte con chopos bien criados, varios castaños medianejos, almendros de almendra amarga, un almecino, un par de granados jóvenes, una veintena de cepas de uva tinta (tempranillo, garnacha y cabernet-sauvignon), helechos, zarzas, matojos y hasta una fuente natural de agua ferruginosa. Todo suena a mucho, pero, no creas, la parcelita no es nada grande; sin embargo, pese al tamaño, está hecha unos zorros. Mi padre espera que yo le meta mano algún día, y yo también espero el día en el que me dé por desarrollar mi vena labriega que por ahora no le ha dado por salir. Hasta entonces, me conformaré con ir allá de muy tanto en tanto. Te dejo unas fotos de hace tres semanas.

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Oyendo Lost? de Coldplay.

Views from the afternoon

6 Octubre, 2009 por Daniel

Pues eso, la vista de un atardecer desde una de mis ventanas.

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Oyendo The Fixer y Got Some de Pearl Jam. ¡Vaya par de canciones!

Eugénie Grandet

29 Septiembre, 2009 por Daniel

Es la primera vez que me ha dado por leer algo de Honoré de Balzac y, no sé, quizás sea la última. A ver, la novela en sí está muy bien, pero me cansan mucho las narraciones pomposas –al menos esa es la impresión que me he llevado, aunque yo mismo sea el menos indicado para criticar a los pomposos y a sus pompas -. Hay gran realismo en la historia puesto que describe con bastante detalle a las gentes y costumbres de la sociedad francesa del SXIX y, también, algo de romanticismo. Por eso, dentro del realismo de la narración, aparecen críticas mordaces que se cubren de ironía y, asimismo, exaltaciones exageradas. 

Eugénie, la protagonista, es la hija y heredera de un rico tonelero demasiado avaro: todo lo que hace lo mide con la ganancia, el oro y el dinero. Por este motivo,  el padre hace que su familia pase enormes penurias con tal de gastar poco y ahorrar mucho, e, incluso, juega con las esperanzas de los moscones que rondan a su hija para intentar casarse con ella y llevarse su herencia. Al final, por la avaricia del propio tonelero y de las gentes que lo ansían, vemos que el dinero lo arruina todo. Quien peor parada sale es Eugénie, que es un cúmulo de virtudes –esto contrasta enormemente con el padre y con casi todos los que la rodean-, puesto que primero será castigada por el egoísmo del padre y, luego, por abandonarse a un amor que está hecho de pensamientos más que de realidades y que terminará destruyendo su vida, no en lo económico, pero sí en todo lo demás. 

 

“Grandet n’était pas embarrassé pour apprendre à Charles la mort de son père, mais il éprouvait une sorte de compassion en le sachant sans un sou, et il cherchait des formules pour adoucir l’expression de cette cruelle vérité. <<Vous avez perdu votre père!>> ce n’était rien à dire, Les pères meurent avant les enfants. Mais: <<Vous êtes sans aucune espèce de fortune!>> tous les malheurs de la terre étaient réunis dans ces paroles. Et le bonhomme de faire, pour la troisième fois, le tour de l’allée du milieu, dont le sable craquait sous ses pieds. Dans les grandes circonstances de la vie, notre âme s’attache fortement aux lieus où les plaisirs et les chagrins fondent sur nous. Aussi Charles examinait-il avec une attention particulière les buis de ce petit jardin, les feuilles pâles qui tombaient, les dégradations des murs, les bizarreries des arbres fruitiers, détails pittoresques qui devaient rester gravés dans son souvenir, éternellement mêlés à cette heure suprême, par une mnémotechnie particulière aux passions.”

Los cuadernos de don Rigoberto

21 Septiembre, 2009 por Daniel

Es la última novela de Vargas Llosa que he leído. Está bien, porque me parece que él escribe bien. En cambio, la historia no me ha gustado demasiado. En sí no me queda nada clara y, además, aparecen algunos pasajes que están metidos para rellenar –aunque puede que Mario pretendiera eso mismo, como si lo que se lee fuera el cuaderno de notas de don Rigoberto-. Por lo demás, es un libro bastante erótico que, bueno, entretiene, y del que más de uno habrá sacado alguna idea puesto que la sota, el caballo y el rey no aparecen por ningún sitio.

“Su hermano Narciso no era un diablo; aventurero, nomás. Dotado de una endiablada habilidad para sacar a su vocación trashumante y su curiosidad por lo prohibido, lo secreto y lo exótico, un gran partido crematístico. Pero, como era mitómano,  no resultaba fácil saber qué era cierto y qué fantasía en las correrías con que solía mantener hechizado a su auditorio, a la hora (siniestra) de la cena de gala, la fiesta de matrimonio o el cóctel, escenarios de sus grandes performances relatoras”.

Belief in the age of disbelief

21 Septiembre, 2009 por Daniel

Estaba el otro día ojeando una revista cultural, de ésas que vienen con algunos periódicos. La verdad es que no les preso demasiada antención, tanto, que sólo me dedico a mirar las fotos. Pero esta vez, aunque pasaba las páginas con rapidez, me detuve en la reproducción de un grabado. Simplemente me pareció genial. Se trataba de una de las láminas de Cyprien Gaillard que se exponen en el MUSAC (Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León). El grabado es el de un paisaje bucólico, como los que pudieron hacer, a principios del SXIX, los viajeros románticos ingleses, alemanes o franceses por los campos españoles (si puedes, léete el libro “Cosas de España” de Richard Ford que describe sus experiencias en España en 1830: hemos cambiado algo, pero el ajo lo seguimos usando como arma biológica para cualquier guiri y, si no, que se lo pergunten a Victoria Beckham, para quien “España huele a ajo”). Pero, aquí viene lo original, en mitad de ese paisaje idílico afloran enormes bloques de edificios -dignos de la costa mediterránea- que, curiosamente, a pesar de ser horrendos en realidad, en el grabado no desentonan y se muestran como si fueran templos.

chemins

paysage